jueves, 14 de mayo de 2015

Más nubes que claros

Volvió a escucharse a Chopin y la 'canina'mostró la sonrisa burlona con la que acaba una fiesta donde han convivido lo bello y lo cutre.

Calle Alfonso XII. Dos guiris pasean paladeando un helado que se derrite entre los dedos. Pantalones cortos, hombros y pies al aire. El verano se ha adelantado para los visitantes y muchos sevillanos. La chaqueta ha quedado olvidada al fondo del armario este Sábado Santo. Pocos lucen el luto. En la Escuela de Estudios Hispanoamericanos hay una mezcolanza de colores. Nazarenos de las distintas cofradías de Sevilla esperan con sus estandartes y varas a salir en la representación del Santo Entierro. Al fondo se escuchan los tambores. Llegan los componentes de la banda del Ejército que acompañará al paso del Duelo. Muchos espectadores salen corriendo a fotografiar a los militares. La estampa recuerda a una mañana de Corpus o al amanecer del 15 de agosto. El cielo se nubla y hace un bochorno que empieza a ser molesto. Los dos turistas acaban de comerse el helado. Se limpian las manos y tiran el papel al suelo. Llegan las autoridades. Personas con chaqué y corbata negra que se entremezclan con los militares, los nazarenos y costaleros de pelo engominado y tatuaje en los brazos. Toda la Semana Santa cabe en estos pocos metros cuadrados de Alfonso XII. La popular y la elitista. La espontánea y la organizada. La elegante y la chabacana. La que respeta al cuerpo del ejército y la que se mete entre sus componentes.

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