Más nubes que claros
Volvió a escucharse a Chopin y la 'canina'mostró la sonrisa burlona con la que acaba una fiesta donde han convivido lo bello y lo cutre.
Calle Alfonso XII. Dos guiris pasean paladeando un helado que se
derrite entre los dedos. Pantalones cortos, hombros y pies al aire. El
verano se ha adelantado para los visitantes y muchos sevillanos. La
chaqueta ha quedado olvidada al fondo del armario este Sábado Santo.
Pocos lucen el luto. En la Escuela de Estudios Hispanoamericanos hay
una mezcolanza de colores. Nazarenos de las distintas cofradías de
Sevilla esperan con sus estandartes y varas a salir en la
representación del Santo Entierro. Al fondo se escuchan los tambores.
Llegan los componentes de la banda del Ejército que acompañará al paso
del Duelo. Muchos espectadores salen corriendo a fotografiar a los
militares. La estampa recuerda a una mañana de Corpus o al amanecer del
15 de agosto. El cielo se nubla y hace un bochorno que empieza a ser
molesto. Los dos turistas acaban de comerse el helado. Se limpian las
manos y tiran el papel al suelo. Llegan las autoridades. Personas con
chaqué y corbata negra que se entremezclan con los militares, los nazarenos y
costaleros de pelo engominado y tatuaje en los brazos. Toda la Semana
Santa cabe en estos pocos metros cuadrados de Alfonso XII. La popular y
la elitista. La espontánea y la organizada. La elegante y la
chabacana. La que respeta al cuerpo del ejército y la que se mete entre
sus componentes.
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