Inhóspita Catedral
Cambian los obispos, cambian los deanes, cambian los alcaldes. Pero la Catedral permanece con el Patio de los Naranjos clausurado como plaza pública, con el enjambre de vallas en su interior que conducen a nuestros señores los turistas como el ganado obediente vigilado por perros pastores con radiotransmisores. El turista paga. Tiene derecho a ir como quiera. Que quiere ir en camisa de tirantas asomando el bosque de las axilas, que lo haga. Para eso paga. Que quiere ir con el pantalón pirata, botines y camiseta fluorescente. Que lo haga. Para eso paga. Que quiere ir directamente en pantalón corto, cortísimo. Que lo haga. Para eso paga. La Catedral es una de las grandes cajas recaudadoras de la diócesis desde los tiempos de la Exposición Universal. No se puede poner en riesgo. Hace muchos años que a la hora de la verdad prima el turismo sobre los actos religiosos. Para maquillar la cosa se acordó denominar la visita turística como visita cultural. Suena más suave, ¿verdad?Yo creo que cada mil turistas, el dean manda voltear las campanas de la Giralda. Y pasa que la gente no se orienta.
–Niño, suenan las campanas. Eso es que ya han hecho cardenal a don Juan José.
–Que no, mamá. Que son otros mil, otros mil que han entrado dejando cargadas las alcancías.
Y por cada cien mil euros de recaudación, hay un golpe de badajo de la campana de San Cristóbal. Tiene guasa (tela) que quienes reglamentan sobre el uso extralitúrgico de los templos, sean los mismos que no se atrevan a exigir al turista el decoro mínimo que se exige para visitar lo que se supone que es un lugar sagrado.
La otra noche, cuando llegó el Simpecado de la Hermandad del Rocío de Sevilla para presidir el pregón de las Glorias, se armó la marimorena. Los tíos de la seguridad de la puerta pegaron el cerrojazo en cuantito el Simpecado entró por el atrio de la Puerta de los Palos. La gran cantidad de fieles y hermanos que caminaban tras el Simpecado recibieron un cancelazo en las narices. Así, de pronto. ¡Zas! ¿La razón? Órdenes superiores. ¿La verdad? Estas criaturas no pasan por taquilla. No interesan. Cuanto más público entra, más se tarda luego en desalojar el local. Perdón, la Catedral.
A los fieles, cerrojazo. A los turistas, una pedazo de alfombra roja. En la Catedral hay tantas chanclas a cualquier hora del día que la Nave del Lagarto parece la Avenida de Castilla de la Antilla. Menos mal que la web Diario de Pasión captó el cerrojazo indigno ordenado por la superioridad. Y cómo disfrutan algunos dejando a la gente en la calle . Qué inhóspita la Catedral para los sevillanos, qué complaciente y permisiva para los turistas. Qué papelón (con veladores) el del Cabildo, duro con las espigas y suave con las espuelas.
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